viernes, 27 de marzo de 2015

Tataki, Makro y Gastrogón

Gonzalo con el lomo de
atún, después de marcarlo
El resultado del tataki con su salsa,
 sus algas y su tomatito

Inmortalizado
Se marca el lomo de atún al fuego, se introduce en agua con hielo para que no se deshaga al cortarlo. Se prepara la salsa, se añade el acompañante y listo. ¿Fácil? No tanto. Pero experimentar siempre es posible. Gonzalo de Gastrogón lo bordó el 18 de marzo en La Semana de la Hostelería en el Makro de Alcalá de Guadaíra.




¿Puede un árabe ser falangista?

El Bekkaye Aissa Meftah, el quinto
de la lista de Falange por Huelva


*Si no ve correctamente la lista, pinche sobre la imagen

jueves, 26 de marzo de 2015

Bienvenido Mr. Alierta

Y llegó la fibra óptica

LA LLEGADA



"Programarme un destino de última hora"


Se había hecho de noche y la lluvia, pertinaz, golpeaba los raíles y tatareaba su canción monótona sobre los tejados de los vagones del tren en el cual se encontraba.

Algo extrañado, el viajero, sin saber a dónde se dirigía, sin ni siquiera conocer porqué se encontraba en el asiento 2A, de clase preferente (pues no era consciente de disponer de billete o, incluso, de haber contratado ningún recorrido) y provisto tan sólo de una pequeña cartera de cuero, cuya forma no reconocía, aunque supuso contenía el ordenador portátil que había sido su compañero de trabajo durante tantos años, trataba de averiguar el destino final del trayecto.

“Quizás, pensó, mi secretaria se ha visto obligada a programarme un destino de última hora; razones de urgencia, trabajos de última hora en la oficina o cualquier otra causa de fuerza mayor explican este inesperado viaje”, pensaba, mientras intentaba dormir, como los otros compañeros del vagón.

En otros asientos, anotó nuestro personaje, se encontraba gente de variada edad, personas solitarias, aunque, generalmente, algo mayores que él o envejecidas; sin duda, profesionales o turistas jubilados, ávidos de llegar a un destino de ensueño o a una reunión de trabajo, importante y vital para la empresa como todas aquellas en las que nuestro protagonista había participado e intuía también sería aquella a la cual se dirigía en estos momentos.


"Inexplicable viaje"
La inquietud, un ligero frío o una cierta extrañeza por la precipitación y la ausencia de referencias acerca del final o causa de su viaje, le impidieron dormir, limitándose a tratar de encontrar referencias o memorizar los lugares por dónde el tren pasaba, bajo un paisaje oscuro, carente de luna o de luces artificiales.

Tampoco le pareció oportuno interrogar a unos compañeros que, ensimismados, parecían adormecidos y sólo se intuía tras la ventana una sucesión de sombras, un mundo plagado de brumas y sin iluminación, tras unas ventanas que, decididamente, no le parecieron muy limpias, ni apropiadas para un viajante de su categoría y clase profesional.

Cuando volviera a la oficina (consideró mentalmente) demandaría explicaciones convincentes al Departamento de Recursos Humanos por ese, le pareció, inexplicable viaje, ausente de referencias, de explicaciones, de la programación adecuada y de un medio de transporte apropiado a su clase y cargo.

Tras un esfuerzo que a nuestro protagonista le pareció agónico, el tren se detuvo ante un elenco de edificios, vagamente grises que, supuso, serían la estación de llegada.

Sorprendentemente, desde un altavoz lejano una fría voz de mujer le instó a descender en la parada, mientras sus compañeros, por primera vez durante la noche, le dirigieron algunas sonrisas e, incluso, algún que otro tímido saludo de despida y tópicos deseos de buena suerte.

"De su infancia aguardaba en la entrada de la estación"


Al llegar, observó que dos sombras oscuras le estaban esperando.

Sin decir palabra, pero con formalidad y rigor a un mismo tiempo, le cogieron su cartera y sin darle tiempo a otra reacción, le llevaron literalmente a la salida.

Un automóvil, con una forma similar a los taxis de la ciudad de su infancia, aguardaba en la entrada de la estación, con las puertas abiertas y las luces encendidas, presto a partir en un instante.

Amablemente, el conductor le preguntó cuál era el nombre del lugar al que se dirigía nuestro viajero y, él mismo, sorprendido, sin esfuerzo, ni entonación forzada, pero también sin conciencia de decirlo, pronunció: “Al Infierno.”, lentamente pero la convicción de haber conocido su meta desde hacía mucho tiempo.

En ese momento, en la Caldera 25, Horno A, Incendio 27, del Departamento de Recepción X, incorporado a la Sección de “Pecadores y Malditos Varios”, sonó una llamada y varios demonios aburridos que soportaban de mal humor una interminable guardia nocturna, empezaron a preparar los instrumentos de tortura y fuego eterno, apropiados para acoger al nuevo huésped.

DOMINGO CARBAJO VASCO

Madrid, 22 de marzo de 2015.



"Al infierno"